Para quién es esto: tres casos de Valencia y un par de puertas que no abrimos

Cada semana entra alguien por la puerta de Travesía de Aragón 81 con una idea distinta de lo que es una sala de ensayo, y la mayoría acierta; algunos se han equivocado de sitio y conviene decirlo antes de que reserven.

Un grupo de Russafa que ensayaba en el salón

Marta Ferrandis toca la batería en un cuarteto que se formó en 2019 entre el barrio de Russafa y el Cabanyal, y durante año y medio ensayaron en el salón del piso compartido de su guitarrista, en la calle Cuba, con mantas colgadas en las paredes y una queja vecinal que llegó, con razón, en marzo de 2022, cuando ya llevaban dieciocho meses de ensayos y ninguna grabación decente que enseñar a nadie.

Llegaron con dos canciones a medio arreglar.

Lo que les encajó fue una hora y media semanal, jueves de 19:00 a 20:30, con la batería y los amplificadores ya montados en la sala, sin cargar nada desde el coche y sin discutir cada semana quién bajaba el equipo por la escalera del edificio.

A los cuatro meses grabaron una maqueta de tres temas en la misma sala, con la interfaz que prestamos y sin técnico de por medio.

Pagaron 14 euros por hora de ensayo y una tarifa aparte por las horas de grabación, que María Domínguez les desglosó en una hoja antes de que reservaran nada, con las cifras separadas por concepto y sin cláusulas raras.

Lo que no habría funcionado para ellos: venir sin reserva un sábado por la tarde.

El sábado solo abrimos con cita previa, y en 2023 hubo más de un grupo que se volvió a casa desde el Portal de Valldigna con las fundas a cuestas, porque dieron por hecho que una sala de ensayo en Valencia abre igual un martes que un sábado a mediodía, y no es así.

Laura Hernández lleva la recepción y suele ser quien atiende estas llamadas.

Un grupo de Russafa que ensayaba en el salón

Un taller de muebles en Benimaclet que no necesita sala

Vicente Alcañiz regenta un taller de restauración de muebles en Benimaclet, junto a la calle Baró de San Petrillo, con tres operarios y un hijo que lleva dos años haciendo las veces de aprendiz entre barnices y cola animal.

Llamó en enero de 2024 para preguntar si alquilábamos espacio para trabajar madera.

No lo hacemos: no trabajamos sobre vehículos, ni sobre instalaciones eléctricas de la red, ni sobre circuitos de frío, ni sobre la fábrica del edificio, y por supuesto no aplicamos pesticidas ni biocidas de ningún tipo, ni ofrecemos servicios médicos, financieros, legales o educativos, ni tenemos registro colegiado, licencia o número de registro que enseñar a nadie.

Quedó claro en la primera conversación.

Cada mes entra alguna consulta parecida: gente que busca un banco de trabajo, una nave con extracción de polvo o una zona para barnizar, y ninguna de esas tres cosas está aquí ni va a estarlo.

Donde sí encajó un caso del mismo sector fue el de un lutier del barrio de Ruzafa que necesitaba grabar muestras de sonido de dos guitarras restauradas, y que reservó dos horas de sala, trajo su propio micro y se fue con los archivos en un disco duro, sin pedirnos nada más y sin que nosotros tuviéramos que tocar un solo instrumento suyo.

Siete años llevamos viendo pasar oficios muy distintos por esta puerta, desde 2015.

Un dúo de Paterna y el problema del transporte

Nuria Sanchís y Héctor Balaguer viven en Paterna y ensayan juntos desde 2021, y venían en tranvía hasta la parada de Pont de Fusta y luego andando, con una guitarra acústica y un bajo a la espalda, porque el local que tenían antes en La Coma se les quedó pequeño y húmedo a la vez, y ninguno de los dos quería seguir pagando por un sótano con goteras.

Empezaron alquilando amplificadores nuestros.

Cuarenta minutos de viaje por trayecto, dos veces por semana, durante catorce meses, hasta que se mudaron a un local propio en Quart de Poblet y dejaron de venir, cosa que hicieron sin drama y sin que nadie aquí se lo tomara a mal, porque la gente se va cuando le conviene y eso es exactamente lo que debe hacer.

Alquilar el backline les costaba menos que el taxi de vuelta con el equipo a cuestas.

María Domínguez, que lleva presupuestos, les preparó en su día un desglose por horas y por material alquilado, con las cifras separadas en dos columnas y ninguna promesa adjunta, y eso fue lo que les permitió decidir si les salía a cuenta seguir viniendo desde Paterna o buscar algo más cerca de casa.

No prometemos resultados, ni ingresos, ni contratos, ni bolos.

Prestamos un espacio y un equipo, y cobramos por las horas, y lo que cada uno haga después con eso no es asunto nuestro ni vamos a venderlo como si lo fuera, ni ahora ni dentro de cinco años.

Quién no debería llamar

Si buscas un local para montar un taller mecánico, olvídalo.

Si necesitas que alguien revise el cuadro eléctrico del local o recargue un aire acondicionado, tampoco, y si lo que quieres es que toquemos la estructura del inmueble, la instalación de la red o un circuito de refrigeración, esta casa no es la tuya y nunca lo ha sido, por mucho que la palabra taller aparezca en la conversación.

Si lo que necesitas es asesoramiento fiscal para tu sociedad, un diagnóstico médico o una titulación oficial, tampoco.

Y si eres de los que llaman un sábado a las once de la mañana sin cita para ver la sala, te vamos a decir que no, porque el sábado funciona así desde que abrimos y no vamos a hacer una excepción contigo que no hicimos con el grupo de Russafa ni con el lutier de Ruzafa.

Para todo lo demás, el teléfono es 96 3984442 y el correo [email protected].

La dirección es Travesía de Aragón 81, 46018 Valencia, y no hay otra sede, sucursal ni taller en ningún sitio, y de lunes a viernes atendemos de 9:30 a 14:00 y de 16:00 a 19:00, con David Pérez al frente del almacén cuando alguien reserva instrumentos.

El sitio web es escuderozyra.digital y ahí están las tarifas y la disponibilidad actualizadas.

Escuderozyra S.L. es la sociedad que explota la sala, con cuatro personas trabajando: David, Laura, María y quien escribe esto, y no hay nadie más detrás de la puerta.